Farms Not Arms

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LA AGRICULTURA COMO TERAPIA
De la guerra a la tierra
  • 'Farms Not Arms' tiende una mano a los veteranos de Irak que quieran ser granjeros m

Matt McCue, mostrando fotos de su poca de soldado y de su actividad como granjero. (Foto: Miguel Rajmil)

Actualizado domingo 11/11/2007 04:10 (CET )


CARLOS FRESNEDA
Fue en las inmediaciones de Tikrit, en pleno fragor de la guerra, donde el soldado Matt McCue fue rumiando lasospechada metamorfosis. Llevaba a sus espaldas ms de doscientas incursiones, a la busca de Sadam Husein y de sus secuaces insurgentes. Empuaba un rifle M16, llevaba gafas de visin nocturna, se mova en un vehculo acorazado Bradley. Pero toda su atencin se desviaba invariablemente hacia los bulliciosos mercados donde los granjeros iraques descargaban su impagable botn de pepinos, melones y pomelos.

"Los bazares callejeros eran el nico salvavidas al que podas aferrarte en medio del caos y de la muerte", recuerda. "Haba algo en la actitud de los granjeros, en su manera plantarle cara a la desesperacin y al miedo, que me dio bastante que pensar... Muchos compaeros volvieron con estrs postraumtico de Irak, yo descubr al menos un pequeo rayo de esperanza en medio de la destruccin".

Un ao despus de su estancia en Irak, el sargento McCue (le ascendieron a la vuelta) colg el fusil y lo cambi por el azadn, sin necesidad dejarse crecer la melena. Su periplo inicitico arranc en las montaas del noroeste, y pas despus por Alaska y Hawai, donde se familiariz con la tierra y con la permacultura. Con la leccin aprendida, se alist en los Peace Corps y ahora trabaja como voluntario en la aldea de Garbey Kourou, en Nger, cultivando mijo, ssamo y legumbres.

"Hubo un momento en que romp totalmente con mi pas", admite McCue, 25 aos, con cierta rectitud que an le queda de su poca de soldado. "Ahora s que volver, que mi estancia en frica es parte de este proceso de curacin y de aprendizaje. Pero mi lugar est aqu, en algn proyecto de agricultura orgnica, en algn lugar donde ver crecer las cosas con mis propios ojos".

Matt McCue est estos das de trnsito en Nueva York, ondeando la bandera de Farms Not Arms, la asociacin que tiende una mano a los veteranos de Irak que quieran trocar la guerra por la tierra. McCue se resiste a encajar en el tpico perfil del "soldado arrepentido" y prefiere no entrar con la bayoneta en cuestiones polticas: "Creo que mi vida habla suficientemente por m".
"En Irak, daba las gracias por estar vivo"
Naci en Albuquerque, 1981, hijo de padres de clase media, David y Karen, que temieron por su vida cada minuto y ahora suspiran con alivio y con orgullo. "Me alist con 19 aos en el Ejrcito de Tierra por la aventura y por el dinero", confiesa. "Sent que no estaba preparado para la Universidad y no saba muy bien por donde tirar. Fue poco antes del 11-S, cuando an no se sospechaba que entraramos en guerra".

Estacionado con la Cuarta Divisin de Infantera en Fort Worth, Texas, vio pasar de lejos lejos la guerra de Afganistn y lleg a Irak con todo el equipo, justo despus de la cada de Sadam. "Nos toc patrullar en el tringulo sun en los momentos ms inciertos de la ocupacin", recuerda. "El trabajo duro, a la caza de insurgentes y de focos de resistencia, empezaba de noche. Recuerdo an cmo apuraba las bellsimas puestas de sol en Irak y cmo veneraba los amaneceres, dando las gracias por estar vivo".

McCue vio morir a soldados y a civiles, vivi de cerca incontables explosiones, tembl ante el desfile incesante de heridos. "Para disparar a matar tienes que cerrar una parte de tu corazn", confiesa, "y la otra parte se acaba de cerrar cuando ves morir un soldado tras otro. Para funcionar en ese mundo te tienes que sumergir en una maquinaria que en el fondo te est matando y al mismo tiempo te est manteniendo vivo. Pero tienes que buscar tambin seales de vida en el exterior para poder resistir".

Fue precisamente en su labor como vigilante en los puestos de control donde el soldado McCue descubri esos "destellos de humanidad" que le hicieron replantearse a fondo su "misin" en esta vida: "Los granjeros tenan un poder silencioso, te transmitan todo el dolor con sus ojos, pero te desarmaban con la sonrisa. Ellos me hicieron ver de algn modo que yo no poda conseguir nada bueno con un M16 en mis manos. Ese pensamiento fue ganando fuerza en Irak, pero tuve que callarlo durante un tiempo".

Le preguntamos su opinin sobre la guerra, pero prefiere pecar de discreto: "Como miembro de los Peace Corps, no quiero entrar en cuestiones polticas. Pero lo que ha ocurrido en Irak es as de claro: cuando empujas a la gente hacia situaciones extremas, la respuesta que obtienes es el extremismo".

Y qu opina de la visin "censurada" que sus paisanos tienen de la guerra? "Nadie tiene una visin realista de lo que ocurre en Irak, ni siquiera los que estuvimos all. Lo nico cierto en Irak es la incertidumbre: las cosas pueden variar mucho de un da para otro. Cuando yo lo dej era un pas sin esperanza".

Al regresar a Fort Hood con 22 aos, ascendido a sargento, Matt McCue se vio en la tesitura de "ensear a matar a la siguiente generacin de chavales". Hasta este punto lleg su contradiccin vital: "Por la noche estaba en mi habitacin, oyendo canciones antiblicas, y a la maana siguiente me preparaba para un largo da de instruccin militar".

En el 2005 dej finalmente el ejrcito –"se requiere ms valor para marcharse que para alistarse"- y trabaj de lo fue saliendo. "Cuando te entrenan para matar, cuando vienes de un lugar donde a diario te juegas la vida, es muy difcil encontrar un empleo "ordinario", afirma McCue. "Necesitas la adrelalina, y por eso muchos soldados acaban siendo policas, o se "reeganchan" como "contratistas".

A su paso por Pahoa, Hawai, McCue dej mentalmente de "ser soldado" a su paso por una granja. Se inici en el arte de la permacultura y se reencontr con aquella lejana sensacin que se trajo de Irak: "Descubr que cuidar de la vida te da paz". Culmin su aprendizaje en una escuela agrcola de Santa Cruz, decidi "alistarse" en los Peace Corps y meses despus parti como voluntario rumbo a Nger, donde su mayor enemigo ha sido hasta la fecha la disentera.

"Es lo que peor llevo de frica", confiesa. "Pero el contacto con los campesinos, precisamente en una aldea musulmana, ha sido una manera de cerrar el crculo. Digamos que a veces tengo pesadillas y que an me quedan asuntos pendientes, pero all, en el Sahel, he descubierto ese extrao poder que tanto admir en los granjeros iraques. Ya no vivo con miedo".
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